El pueblo quiso saber, expresó en todo el país y pide respuestas

La marcha del 24 marcó un fin de fiesta para el gobierno. El pueblo clamaba por querer “saber de qué se trata”, historia rediviva de la Patria, y la expresión de las mayorías en las plazas de las capitales y los pueblos de Argentina, más las realizadas en diferentes países del mundo, lo expresó con contundencia. Al saber de qué se trata, el pueblo salió a las calles ante la convocatoria de la CGT que reunió además a las dos CTA, los movimientos sociales, los colectivos de la cultura. La contundencia de las marchas, la de la Capital, las capitales de provincias y los pueblos, pusieron otra vez a las plazas como epicentro del ejercicio popular de un modo de participación directa de los pueblos en las grandes decisiones.

La Confederación General del Trabajo venía marcando la cancha a través de cuatro pronunciamientos que comenzaron con la llegada al gobierno de Javier Milei. Además, activa como cuando define situaciones históricas, lo hizo a través del Comité Central Confederal que define las políticas de la entidad con la participación de las organizaciones confederadas afiliadas, de todo el país. Por eso, Héctor Daer advirtió a los legisladores en la plaza del Congreso: “Les decimos que actúen de acuerdo al mandato popular de cada uno de sus pueblos”. La realidad, no da para más. O se entregan a servir a sus pueblos o están perdidos en los días que se avecinan.

Se permitió incluso, el titular de la CGT, referirse a la cultura: “Quieren más privilegios, van por la cultura, no es inocente atacar a la cultura, que significa nuestras raíces. Apuntan a lo popular y a privatizar el deporte, quieren venir por los grandes clubes, denostan el empleo público y a los docentes estatales”. Daer sugirió a los diputados que “actúen de acuerdo al mandato popular de sus pueblos. Miren a todos a la cara y actúen en consecuencia”. Y agregó: “No estén en la oscuridad recibiendo mandados porque los acusan de sádicos y coimeros. Acá los venimos a bancar para que banquen al pueblo”, remarcó. Y no olvidó a los jubilados: “Este escenario lo advertimos antes de las elecciones y nos decían que metíamos miedo a la sociedad. Devaluaron y aumentaron todo y ahora nos dicen que no hay aumentos para jubilados”. Una vez más, el movimiento obrero organizado mostró un alto grado de unidad con la presencia de columnas de los gremios y miles de trabajadoras y trabajadores, expresándose para cambiar el ánimo de los argentinos presentando un arco de representación que a su vez, estaba presente hasta en las pequeñas y cálidas plazas de los pueblos.

Un devenir histórico

La acción de los filibusteros del tipo de Caputo y Sturzenegger, unos amenazando a gobernadores y diputados con un sufrimiento bíblico, otro apretando u ofreciendo “ventajas” (se aludió a coimas) o armando una suerte de Congreso paralelo en Recoleta, son heridas para la sociedad pero no tienen destino. Daer dijo que la marcha “salió el pueblo” y, que “si no lo quieren ver, la conflictividad irá al paso que la sociedad vaya acompañando”. Clarísimo, la conducción se impone en los hechos. Hugo Yasky, diputado de la CTA de los Trabajadores, expresó que la “enorme potencia política” de la jornada, y la solidaridad mundial “marca el inicio de una resistencia popular que va a ir creciendo”. Y es ahí donde no hay retorno posible.

La crisis del momento, por otra parte, deja en claro varias cosas: se derrumbó por una parte el modelo político tutelado que dejó la dictadura en 1983 con sus “emblemas”, la ley de entidades financieras de Martínez de Hoz, y el Pacto de Madrid (el tratado de Versalles argentino) de 1982, que dio lugar a la reforma constitucional y al establecimiento de la republiqueta de la Caba entre otras cosas. Hubo relativa vocación de conducir políticamente al peronismo y siempre el movimiento obrero fue al frente de las etapas de resistencia. En 2016 el Núcleo del MTA (Movimiento de Trabajadores Argentinos, SADOP, Farmacia, Molineros y otros), la Corriente Político Federal de Trabajadores del Gringo Amichetti, abrieron el camino a la Corriente Federal de Trabajadores (CFT) que motivando a la CGT llevaron al 2019. No es lo mismo conducir que mandar, cuidado. Sobre esa base, hay que reconstruir para abrir el cauce de los nuevos tiempos y terminar con las aventuras neoliberales que traen una y otra vez el rumbo a la destrucción y a la entrega. Se hace necesario un cambio generacional de dirigentes con fuerte presencia de las provincias para diseñar la entrada del país en la multipolaridad. El paro expresa la decisión colectiva de un pueblo, desde todo el país, de esa transformación inminente. Daer sintetizó que “El paro fue algo que trascendió a los trabajadores. Si no lo ve así, el jefe de Estado se va a equivocar. La gente le está explicando que tiene que tomar otras actitudes y al Parlamento le dice que no puede traicionar”.

Los dirigentes aparecen al calor de los hechos. Como esas personas que se muestran en los medios y en dos minutos hacen un panorama político que sorprende. La mayor escuela de cuadros es el camino, la experiencia misma en el fragor de los hechos que protagoniza el pueblo. Se trata de construir puentes y derribar muros, como expresa el Papa Francisco para aludir al encuentro y a la unidad. Dirigentes como el secretario general adjunto de SMATA, diputado nacional, Mario Manrique advierten por estos días que el DNU del gobierno “no solo cercena derechos laborales y regulaciones comerciales, sino que pone en juego la soberanía del país”. Y agregó que el presidente “Está convencido de que es monarca y quiere gobernar de esa manera”. Habla de 35 años para mejorar el país en cierto modo como el general Onganía, que pretendía gobernar 40 años como Franco. Perón respondió a esos desbordes expresando que había una diferencia: “para gobernar muchos años, Franco tenía a sus espaldas un millón de muertos, y Onganía, tiene detrás un millón de vivos”. Algo semejante a lo que sucede con Milei y las renuncias, los cambios, el sainete triste de su gestión, revelan en cierto modo la presencia de ese ballet de vivo danzando a su alrededor.

Unidad, organización y conducción, parecen ser el camino que va vislumbrándose, conversar, disentir, dar respuestas y buscar los puntos de cercanía en el campo popular es inevitable y necesario. La confluencia, los puentes y los acercamientos aún en las diferencias, aparecen inevitables cuando se van resquebrajando las presuntas adhesiones en medio de un manejo caótico por parte de los neoliberales que se abrazan a la globalización para realizar sus negocios de inmediato y huir. El modelo, un tanto menos desordenado, fue el final del gobierno de Macri. Por eso hay que construir con las mayorías escuchando el mensaje del pueblo en las calles el 24 de enero. Es sencillo percibir la música profunda que llega desde los lugares más lejanos y clama por un destino mejor.

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