LA MEMORIA JOVEN QUE DESNUDA LOS VUELOS DE LA MUERTE

Un trabajo de investigación realizado por estudiantes del programa Jóvenes y Memoria se transformó en una prueba fundamental dentro de un juicio de lesa humanidad que investiga los vuelos de la muerte. Lo que empezó como un ejercicio pedagógico en las aulas bonaerenses terminó siendo admitido como evidencia judicial, demostrando que la memoria no es cosa del pasado ni de especialistas.
Las fuentes consultadas coinciden en el valor del material. Mientras unas destaca el rigor documental del trabajo estudiantil, la otras resaltan el contexto político de su admisión como prueba. Lo cierto es que reconocen que el sistema judicial, tan reacio a abrirse a voces no institucionales, tuvo que rendirse ante la calidad de una investigación hecha por pibes y pibas que no estaban ni nacidos cuando ocurrieron los crímenes.
El trabajo reconstruye con precisión la logística de los vuelos de la muerte, ese mecanismo criminal que la dictadura cívico-militar utilizó para desaparecer cuerpos arrojándolos al mar o al río desde aviones. Los estudiantes rastrearon testimonios, documentos y registros históricos que hoy sirven para sostener acusaciones contra los responsables. No es poca cosa: la burocracia del horror tiene fisuras, y fueron jóvenes quienes las encontraron.
Que un trabajo escolar sea admitido como prueba en un juicio de lesa humanidad no es un detalle menor. Habla de una justicia que, aunque lenta y golpeada por décadas de impunidad, todavía puede abrirse a la verdad construida desde abajo. También dice algo sobre el programa Jóvenes y Memoria, que lleva años sembrando conciencia crítica en las escuelas bonaerenses.
La dictadura quiso que los vuelos de la muerte quedaran en el silencio del océano. Pero el mar no guarda secretos para siempre, y menos cuando hay pibes dispuestos a tirar del hilo. La memoria es un trabajo colectivo, y esta vez viene con mochila y guardapolvo.
