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LA LECHE QUE SE AGRIÓ: 700 TRABAJADORES EN VIGILIA FRENTE AL VACIAMIENTO EMPRESARIAL

 La resistencia obrera se planta frente a las plantas lácteas mientras la patronal reduce jornadas y niega deudas

La crisis en Lácteos Verónica alcanza su punto más álgido con 700 trabajadores realizando vigilias permanentes en las plantas de Lehmann, Clason y Suardi, en Santa Fe. La medida busca impedir el cierre con candados o el retiro de equipamiento, en un contexto donde la empresa redujo unilateralmente la jornada laboral a cuatro horas diarias hasta abril, lo que implica una rebaja salarial drástica. Los operarios denuncian salarios impagos desde diciembre, incluyendo aguinaldos y haberes de 2026, mientras la actividad industrial permanece prácticamente paralizada.
La tensión escaló tras una audiencia fallida en el Ministerio de Trabajo santafesino, donde la empresa negó tener deudas con el personal y descartó una posible venta. Sin embargo, apenas concluido el encuentro, envió telegramas anunciando la reducción horaria y salarial. Ángel Villarroel, referente gremial, reveló que en febrero los empleados recibieron apenas 58 mil pesos por todo el mes, una cifra que refleja la profundidad del despojo laboral. La Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera (ATILRA) acompaña la permanencia en las plantas para resguardar instalaciones y fuentes laborales.
La situación también afecta a la planta de Boulogne, en Buenos Aires, donde más de 50 trabajadores enfrentan los mismos atrasos y reducciones. Martín, encargado de mantenimiento con 40 años de antigüedad, describe un nivel de incertidumbre inédito: «Estamos viviendo carencia de información, no nos pagan. Esto nunca pasó acá». La empresa argumenta una «notoria crisis» con ruptura de la cadena de abastecimiento, pero los trabajadores interpretan la medida como un despido encubierto.
La solidaridad obrera se manifiesta en la vigilancia colectiva de las fábricas, una estrategia defensiva ante el temor de vaciamiento. Los trabajadores intimaron a la familia Espiñeira, propietaria de la empresa, para que brinde explicaciones y regularice la situación. El conflicto trasciende lo laboral: afecta a productores lecheros y economías locales que dependen de la actividad industrial, mostrando cómo las crisis empresariales se socializan mientras las ganancias se privatizan.
Esta resistencia evidencia la fractura del modelo: cuando las empresas eligen desmantelar derechos en lugar de buscar soluciones colectivas, la respuesta obrera se organiza desde abajo. La vigilia no es solo protección física de las plantas, sino un acto político de defensa del trabajo digno frente a la lógica del descarte. En un país con tradición láctea, que 700 familias deban montar guardia para evitar que les roben su fuente laboral habla de la degradación sistémica que normaliza la precarización como gestión empresarial.

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