EL GLACIAR ALVEAR SE DESVANECE: UN 80% MENOS DE HIELO EN 124 AÑOS Y LA CULPA ES DEL CAPITALISMO DEPREDADOR

El Glaciar Alvear en Tierra del Fuego perdió el 80% de su masa entre 1900 y 2024, una reducción catastrófica que los científicos califican como irreversible. La velocidad del derretimiento se triplicó desde la década de 1970, marcando una clara correlación con el avance del calentamiento global. Este retroceso glaciar no es un fenómeno aislado sino el síntoma de un sistema económico que prioriza la ganancia sobre la preservación ambiental.
La transformación del paisaje fueguino es dramática. Las emblemáticas Cuevas del Alvear, un atractivo turístico y patrimonio social de la comunidad, desaparecieron antes de 2019. En su lugar, el derretimiento glacial dio origen a la Laguna Celeste, un espejo de agua que hoy funciona como atracción turística pero que representa la huella del deshielo acelerado. Esta metamorfosis geográfica ilustra cómo el cambio climático reconfigura territorios enteros, borrando hitos culturales y creando nuevos accidentes geográficos.
El Inventario Nacional de Glaciares ya había alertado sobre esta tendencia: muchos glaciares argentinos pierden más hielo del que ganan. La Ley de Glaciares, conquista ambiental que hoy está bajo amenaza de flexibilización por presiones del lobby minero, representa una herramienta fundamental para proteger estas reservas hídricas estratégicas. Los expertos advierten que modificar esta normativa sería un riesgo latente para la preservación de ambientes glaciares ya vulnerables.
La crisis del Alvear exige respuestas integrales que trasciendan la mera observación científica. Se necesitan Planes de Gestión Integrada de Recursos Hídricos que equilibren dimensiones económicas, ecológicas y sociales a nivel de cuenca. La planificación urbana adaptativa y resiliente se vuelve urgente, especialmente en zonas como Ushuaia donde la desaparición glaciar impacta directamente en el abastecimiento de agua potable y la regulación hídrica. Este desastre ambiental evidencia cómo el modelo extractivista global sacrifica ecosistemas enteros en el altar del crecimiento económico infinito, dejando a las comunidades locales frente a paisajes que se desvanecen y futuros inciertos.
