Un comunicado de las asociaciones de profesionales de la Salud, detalla la preocupación que les genera Mario Russo en su nueva función ministerial.

Acorde con los tiempos de una agenda privatizante, asumió Mario Russo al frente del Ministerio de Salud de la Nación. Durante la gestión municipal de Joaquín De la Torre en San Miguel, Russo promovió el desafuero y la cesantía de los doctores Horacio Alonso, Pablo Gil y Eduardo Barragán, dirigentes históricos de la Asociación de Profesionales del Hospital Larcade (Cicop San Miguel).

Mario Russo es el nuevo ministro de Salud de la Nación. La tarea fundamental del nuevo funcionario será la conducción del sistema público de prevención, atención y rehabilitación sanitaria, que tiene 1700 hospitales, 6000 unidades sanitarias y medio millón de trabajadores y trabajadoras. Ese sistema está atravesado por innúmeros problemas: falta de insumos, precarización laboral, bajos salarios, obsolescencia edilicia, violencia laboral, migración profesional, desjerarquización y secuelas no atendidas del Covid, para enumerar solo los más relevantes.

Sin embargo, los medios de comunicación y el nuevo funcionario hacen trascender que la agenda prioritaria serán las prepagas y la industria farmacéutica. Liberación o no de los precios de los medicamentos y los seguros es lo único que importa. Mal comienzo para un funcionario que cuenta con antecedentes preocupantes en su relación con las y los trabajadores. Con el apoyo de su jefe político, Joaquín De la Torre, Russo promovió el desafuero y la cesantía de los doctores Horacio Alonso, Pablo Gil y Eduardo Barragán, dirigentes históricos de la Asociación de Profesionales del Hospital Larcade (Cicop San Miguel). El único pecado de los delegados fue oponerse a la precarización laboral y a la privatización y tercerización de servicios que Russo impulsaba desde el modelo del vecino municipio de Malvinas Argentinas.

El clima de persecución instalado en el hospital motivó múltiples movilizaciones solidarias de Cicop, Fesprosa y otras organizaciones de la sociedad civil. Ojalá nos equivoquemos. Ojalá el doctor Russo priorice su deber central, que es atender y defender el sistema público de salud. Ojalá su visión antisindical haya evolucionado y trate a los «héroes de la pandemia» mejor de lo que lo hizo en el municipio de San Miguel. Las y los trabajadores de salud estaremos atentos, vigilantes y movilizados en defensa de nuestros derechos y de la salud pública.

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