Numa Molina: Comienza hacerse casi como normal la violación de un niño

Al padre Numa Molina le han echado como un pecado mortal que es confesor del presidente Nicolás Maduro. Por eso al final de esta entrevista habla de ese sacramento, administrado por los sacerdotes como intermediarios entre Dios y los hombres.

En la mañana, Molina estuvo celebrando una misa por el aniversario del Ministerio de Comunicación y le decía a los periodistas presentes que debían “leer, leer y leer” para poder “explicar, explicar y explicar” fenómenos, situaciones diarias, procesos y comportamientos. Algo así dijo en el año 2019 cuando recibió el Premio Único Simón Bolívar, una categoría que se le entrega a un comunicador social seleccionado en el Día del Periodista.

Ese día en Miraflores Numa Molina se autoproclamó “un sacerdote cimarrón”, tal como el “chivo montaraz” que canta Alí Primera.

El día de la entrevista, Numa Molina nos recibió en uno de los salones que tiene la Iglesia de San Francisco, colindante con el Museo Boliviano, parte trasera del templo que da con el CNE y las oficinas administrativas de la Asamblea Nacional, esquina de Pajaritos.

“Por aquí pasaban los patriotas después de asistir a las reuniones en lo que hoy conocemos como la esquina de Sociedad, allí mismo”, comentó Molina señalando hacia el frontal de la iglesia donde está la ceiba centenaria, plantada a un costado del Palacio Federal Legislativo.

“Y este es un pedazo de pared de la época”, dijo posando en el espacio pedregoso. “Aquí en esta iglesia hay tres cementerios”, acotó mirando hacia otros escondrijos del templo donde fue proclamado Simón Bolívar como Libertador el 6 de agosto de 1813 para después recibir sus restos 29 años más tarde, antes de ser ingresados a lo que hoy se conoce como el Panteón Nacional.

—En las últimas horas hemos reseñado abundantes casos de violencia sexual contra niños. Incluso el Cicpc detectó en Caracas una red de explotación sexual infantil. ¿Qué está pasando?

—Lo primero que debo decir es que para que existan estas mafias tiene que haber un caldo de cultivo que les permita a ellas tener una clientela cautiva. Y ese caldo de cultivo se genera en el seno de la familia.

—¿La familia es la primera responsable de esa situación?

—Creo que hay un descuido enorme con respecto al manejo de las redes por parte de los niños que no está siendo controlado por los padres. Es lo que he podido percibir en mi experiencia pastoral de lucha social cada día.

—¿Cómo se expresa esa situación?

—Te encuentras con que el papá le compra un celular a un niño de seis años para poder ubicarlo cuando esté en la escuela. Y como los niños son tan expertos en tecnología, pareciera que vinieran con un chip, ellos saben hacer uso del celular, lo que no saben es hacer uso de los contenidos. Uno se encuentra con niños de primaria que ya son adictos a las redes y por allí está entrando constantemente una cantidad de contenidos perversos, de pornografía.

—¿La familia ha podido orientar a los niños en esas situaciones?

—Tenemos familias disfuncionales, rotas, porque los padres se fueron y dejaron a los niños con los abuelos, o una tía. O se fue el papá a trabajar al exterior y dejó a la mamá con los niños. Eso lo encontré en estos días. Una niña de seis años que se suicidó. Eso es muy delicado. Y cuando tú preguntas resulta que la familia está incompleta; la mamá está llevando todo el peso, tiene que trabajar.

—Por otra parte hemos visto la proliferación de grupos dedicados a captar menores con fines de explotación sexual, según el Cicpc.

—Hay una clientela cautiva, podríamos decir; pero por otra parte, uno ve que en Venezuela ha habido una aversión mediática hacia los jóvenes. Recuerdas el famoso video “me iría demasiado”. Allí ya comenzó una agresión a los jóvenes para que se fueran del país. El comandante Chávez lo avizoró así.

—¿Eso sigue gravitando alrededor de nuestra juventud?; ¿no les ha bastado con las experiencias de muertes en la selva de Darién, por ejemplo?

—Diría que los hacen entrar como en una especie de tormenta; porque conozco jóvenes que se han ido para atravesar el Darién, sin tener ninguna necesidad.

—¿Por qué?

—Porque aquí en Venezuela estaban estudiando, tenían su carrera, su trabajo. Conozco un muchachito de Santa Bárbara de Barinas que su mamá tiene un almacén, tenía la ropa que quería, su moto, sus amigos…y de un momento a otro se fue a atravesar el Darién. No se estaba muriendo de hambre, tenía todo.

—¿Qué deducimos de todo eso?

—Pareciera que hay una especie de maldad de estas bandas delictivas que ven en los niños, jóvenes, adolescentes, una presa fácil. Porque están buscando dinero. Un modo de atacar la psicología juvenil es esa. “Este país no tiene salida”, “este país no tiene futuro”, es lo que le dicen. Y cuando tú les preguntas “¿por qué no tiene futuro?”, te responden “porque no tengo dinero”. Es decir, han puesto a depender el futuro, de tu vida personal, del dinero.

—Hay quienes ven eso como algo normal, algo de moda.

—Sí, además comienza a hacerse casi como normal la violación de un niño, la falta de respeto a un niño, a un menor. Realmente, como dijo Marshall McLuhan, en esta aldea global, lo que dicen allá en el otro extremo del mundo, igualito suena en todo el planeta. Y eso está sonando también: que es normal y que los niños tienen derecho a tener relaciones con cualquiera que ellos quieran. Está dañándole la cabeza a los jóvenes. Dime tú qué hace un país si le echan a perder a los jóvenes; dime tú qué hace un país si comienzan a iniciar a los niños y adolescentes en la pornografía.

—¿A qué nos conduce todo eso?

—Eso lleva a una sociedad al caos. Cuando tú ves un mensaje de esos aplicado a un país como Venezuela, en medio de la situación que vivimos, de agresiones.

—¿Se ha acrecentado ese esquema de agresiones contra Venezuela?

—Estaba viendo ahorita las declaraciones del fiscal general respecto al señor Antonio Ledezma; lo que él está diciendo desde España que hay que hacer con Venezuela; es decir, ellos están abiertamente de nuevo montando un escenario de violencia para el país.

—¿Cómo hacerle frente a eso?

—Yo me la vivo insistiendo y no dejaré nunca de luchar por los valores, por la enseñanza de valores, por el crecimiento espiritual y humano. Porque si no luchamos por eso, la gente es vulnerable, totalmente vulnerable. Puedes tener dinero, lo que sea, pero si no tienes un basamento moral, una ética familiar, cualquiera viene y te compra y vendes tu cuerpo, vendes todo lo que sea.

—¿Por dónde empezamos a reconstruir o retomar esos valores?

—Siempre creo que la primera escuela de valores es la familia. Pero uno se encuentra con unos maestros dando una batalla inútil. Una batalla casi inútil, porque lo que ellos hacen en la escuela, en la casa, se lo destruyen si no hay valores en el hogar. Pasan el fin de semana y ven al padre borracho con todo el desastre. Urge una cruzada por la familia.

—¿Qué ha hecho la iglesia?

—Ese ha sido mi gran reclamo a la iglesia institucional, a la Conferencia Episcopal, por ejemplo. ¿Cuándo ustedes se van a ocupar de reunirse, las dos veces que se reúnen al año, a producir un documento de pastoral familiar?

—¿Esa tarea de la jerarquía eclesiástica exclusivamente?

—Hay algunos entes propiamente del Estado que creo que estarían llamados a hacer un trabajo en conjunto con las instituciones diríamos privadas como es la iglesia, por ejemplo.

—¿Usted ha transmitido esa preocupación al Ejecutivo Nacional?

—Se lo dije al entonces presidente Chávez. Le dije: “presidente hay que hacer que los valores sean una materia transversal desde el preescolar hasta la universidad y esos valores trabajados entre familia y escuela”.

—¿Qué dijo el Presidente?

—Él estaba totalmente ganado para eso. Pero eso no se ha hecho; hemos ido dejando pasar, tal vez por la crisis, la situación que nos ha llegado que siempre abordamos como lo que parece más urgente: la comida, la medicina…pero resulta que hay enfermedades que no hacen ruido y son las más peligrosas, como el cáncer por ejemplo. No hace ruido y cuando te percatas te descubren un cáncer y mueres. Esto que está pasando es un cáncer, que se viene gestando silenciosamente en la familia.

—Grave la situación.

—Recuerdo mucho una entrevista que le hicieron a Arturo Uslar Pietri después del Viernes Negro. Le preguntan cómo le parece la crisis económica después de ese día. Él respondió algo así: antes de hablar de la crisis económica, quisiera que habláramos más bien de la crisis moral, porque es esa la que nos ha llevado a esta crisis económica, porque era por la vía de la corrupción y el despilfarro que se había llegado a eso. Vemos que con la cárcel no basta, porque el mal sigue. Agarras y metes presa a una banda y quedan 10 por allí actuando a sus anchas.

—¿Será que esas bandas siguen vivas por sus ramificaciones en organismos de seguridad, tal como lo hemos denunciado?

—Ha quedado claro eso. Una cosa que se mueve allí son los activos, que son jugosos al punto de que dan más que la droga, en el caso de la explotación sexual infantil, de eso se benefician personas indiscretas de los cuerpos policiales, no estoy diciendo que todos.

—Por allí escuchamos la declaración de (Leocenis García) un procesado por legitimación de capitales y extorsión, entre otros delitos, de que usted le había robado la casa de sus hijas, ubicada en La Lagunita Country Club. ¿Usted vive en esa urbanización de El Hatillo?

—Yo lo único que necesito para vivir es una habitación y esa la tengo aquí en la iglesia San Francisco. Yo como jesuita no puedo tener propiedades. Mi especialidad es la teología espiritual y me decía “un médico tiene que tener su consultorio”. A mí llega gente con carencias espirituales y decía “a esta persona hay que llevarla a un sitio para que se encuentre consigo misma”. Pero no tenía dónde, porque las casas de retiro cuestan a veces 140 dólares.

—¿Y entonces decidió invadir esa propiedad privada?

—Jejeje. Es en esa preocupación que le digo a un capitán, quien para ese momento trabajaba en la Oficina Nacional contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo (Ondoft), y me dijo que me iba a ayudar porque él es cristiano que también necesitaba tener una casa donde acudir a retiros espirituales; investigó y dio con unas ruinas, ni siquiera una casa, en la Lagunita.

—¿Esa es la casa que usted supuestamente robó?

—La Ondoft me entregó ese terreno bajo la figura de administración especial. Las paredes y el techo de esa casa se estaban cayendo. Allí fue cuando decidí, con la ayuda de gente amiga, restaurarla. Ese inmueble estaba incautado por decisión de un tribunal. Esa propiedad me la entregaron el 18 de agosto de 2015 y tardé un año en arreglarla. Quedó con capacidad para 24 personas.

—¿Qué hacían en esa casa?

—Vinimos abriéndola en septiembre de 2016 para retiros. Pero cuando ya estaba lista la dejé una semana por motivos de un viaje. Cuando regresé, la casa estaba violentada, le habían cambiado la cerradura, entraron con un camión y le robaron una cava enfriadora, nevera y juego de comedor. El Cicpc tuvo conocimiento de esa situación, pero nunca me dieron respuesta.

—¿Qué hizo?

—Yo no soy de claudicar. Reuní a otros amigos, unos me dieron cubiertos, platos, cortinas y pude de nuevo poner la casa a funcionar. Tuvimos 15 retiros con gente de barrios de Caracas.

—¿Hasta cuándo estuvo en esa casa?

—Yo entregué es inmueble el 10 de junio de 2017. Estuve allí dos años y un mes.

—¿Por qué lo entregó?

—Porque apareció este señor Leocenis García con una difamación terrible diciendo que yo le había robado la casa a sus hijas. Eso me pareció lo más grave.

—¿Por qué la acusación?

—Primero, yo no conozco a Leocenis García, yo sí lo ayudé a que le dieran libertad. Me mandó una carta desde la cárcel, manuscrita. Me reuní con el entonces defensor del pueblo, Tarek William Saab. A los 15 días le dieron una medida. La carta decía que creía mucho en mi bondad.

—Después él publicó una carta donde lo llama ladrón a usted.

—Sí, sí. Yo como cristiano sé que eso me pasará, porque si le pasó a Jesús de Nazareth, qué no pasará a mí que soy pecador. Mi superior me dijo que entregara esa casa para evitar una afectación. Entregué la casa y luego la Ondoft me avisó que se la había dado en administración especial a unas hermanas que recogían niños sordos en situación de calle.

—¿Y de quién es esa casa?

—Hay una investigación de la tradición legal y en ninguna parte aparece el señor Leocenis García. Los reclamos que él tenga, debe hacerlos ante la Ondoft, no conmigo. Lo que él hace es una actitud perversa desde el punto de vista político, porque todas las veces relaciona todo esto con el presidente Maduro. Dice “el régimen me quitó la casa de mis hijas y se la dio al padre Numa, porque él es confesor del Presidente”. Qué vergüenza, porque qué padre le tiene unas ruinas como casa a sus hijas.

—¿Usted es confesor del presidente Nicolás Maduro?

—Por favor… soy confesor de mucha gente, del que venga. Eso es como un médico. ¿Van a acusar a un médico porque es el médico de Maduro? Como sacerdote estoy abierto a acompañar a cualquiera que venga a pedir ayuda.

—Sí hemos visto públicamente al presidente Maduro venir a misa en esta iglesia de San Francisco.

—Él ha venido muchas veces aquí. Le he bautizado a sus nietos. Es verdad que tengo una amistad con él, por qué la voy a negar. Soy amigo del él desde que era canciller de la República.

—Lo conoció en Cancillería.

—Sí, porque cuando esta iglesia se restauró en el año 2010, el presidente Chávez le confió ese trabajo al canciller Maduro, porque él había consolidado un equipo de expertos en restauración de mucha categoría. Estaba Fernando Escobar. Ese equipo restauró el Palacio Federal Legislativo, la Casa Amarilla, entre otros. Eso que nadie me lo venga a objetar: si Maduro se quiere confesar conmigo, yo lo confieso, como fui confesor del presidente Chávez y y de otros. Ante todo soy un sacerdote.

Al detal

  • ”En este momento yo pudiera decir que son como 15 médicos que se autodenominan cimarrones nucleados en un grupo. Esos médicos, amigos míos, suelen visitar hospitales y reportan cosas: se están robando insumos de aquí, de allá”.
  • ”¿Por qué cimarrones?; porque pronuncie un discurso con ocasión del Premio (único) Nacional de Periodismo Simón Bolívar, año 2019 donde dije que me consideraba cimarrón; lo asocio a aquella canción de Alí Primera que dice ‘al chivo manso / siempre lo arrean / y eso no pasa si es montaraz…’. Yo no acepto que me arreen, prefiero ser montaraz”.
  • ”Cierta migración forma parte de esa guerra multiforme que busca implosionar a Venezuela; hay un montón de cosas que las podríamos considerar menudas, pero son tan perversas o más que las otras. Son como un virus que está minando el cuerpo social y lo está destruyendo”

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