La UBA, carnada del Gobierno para pescar el voto radical en el Senado

Las universidades nacionales salieron con todo a pedir que el acuerdo unilateral que la Universidad de Buenos Aires selló con el gobierno de Javier Milei, por el cuál le garantizó una actualización en los gastos de funcionamiento, se replique al resto del sistema académico. 

Son 60 las casas de estudios superiores que no entraron en la negociación y que, por el ajuste de la administración libertaria, están al borde de no arrancar el segundo cuatrimestre. 

Pero se veía venir que la UBA, con más capital político para negociar que el resto (tiene diputados y senadores que ponen en la mesa sus demandas a la hora de tejer acuerdos políticos), iba a cortarse. 

La administración de Javier Milei obtuvo una victoria en la negociación a dos puntas con las universidades. En su objetivo de desfinanciarlas, le dió un poco a una y quebró el frente de reclamo conjunto que tenía como protagonistas a las 60 universidades.

El Gobierno supo leer la demanda de la UBA, que accedió a reunirse sola, por fuera del resto de las casas de estudios superiores, en las horas previa a la gran marcha universitaria nacional. El lunes de esa semana, el rector, Ricardo Gelpi, se reunió con el Secretario de Educación, Carlos Torrendell, y la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, para resolver la emergencia presupuestaria. 

Al otro día, se reunió el resto de los rectores. Todos fueron juntos a la movilización del día siguiente, pero el Gobierno separó a la más resonante de todas y negoció por su cuenta. 

El acuerdo de ayer no se dió esta semana sólo por casualidad. Está en juego la adhesión de votos a la Ley Bases, y el Gobierno conoce bien que el vicerrector de la UBA, Emiliano Yacobitti, es un hombre del senador, Martín Lousteau, y su bloque. 

Lousteau reúne, casualmente, el grupo de cuatro senadores que están en el foco de todas las miradas, porque pueden inclinar para uno u otro lado la votación de la Ley Bases. 

El grupo que aún no definió su voto es más amplio. Bucean en un heterogéneo compendio donde conviven el radical Martín Lousteau (CABA); los integrantes del bloque Unidad Federal, Carlos Espínola (Corrientes) y Edgardo Kueider (Entre Ríos); los santacruceños, José María Carambia y Natalia Gadano; la rionegrina Mónica Silva; la neuquina Lucila Crexell; y la chubutense radical, Edith Terenzi.

Es claro que la negociación es ardua, y este acuerdo entre el Gobierno y la UBA no define la votación a favor de que se apruebe la Ley Bases, pero es una señal de la administración libertaria a uno de los senadores que aparece en el centro de la escena. 

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Lo que siembra la desazón del resto de las universidades es que, antes habían acordado llevar la negociación como un bloque para poder mostrar el estado de emergencia en el que se encuentran. 

Este desplante de la UBA genera una debilidad en el movimiento universitario justo en el momento en el que les era imprescindible mostrarse fuertes. El reclamo universitario con la marcha había sido un paso para encarar como bloque el reclamo, pero la negociación paralela asestó una herida al sistema académico. 

La UBA, dió un paso en falso y dejó expuesto a todo el sistema, sometiendolo a un riesgo innecesario en un momento en el que se tiene enfrente a una gestión que no guarda reparos en expresar sus ansias de arancelar, privatizar y cerrar espacios de producción de conocimientos (desde universidades a centros de investigación y organismos de ciencia y tecnología).

Javier Milei consiguió dividir las aguas, le dió a la UBA una victoria breve y fugaz (que logró con el apoyo de todas las universidades), y expuso al sistema académico a pagar un precio que a la vista asoma como demasiado alto. 

El Gobierno busca que el sistema universitario deje de ser lo que es (en volumen y prestigio social) y que se reduzca a su mínima expresión, tomando como modelo a países cómo Chile, Ecuador o Perú.

La producción de conocimiento no es para el Gobierno más que una cifra en un excel que obstaculiza su objetivo financiero de llegar al déficit cero.

En cinco meses consiguió que la universidad más grande rompa filas y acceda a una oferta cortoplacista. El horizonte, así, genera más preocupaciones. El costo, tal vez sea incalculable. 

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