Javier Milei lo hizo: los discursos de odio impactan en la vida real

Hace un año, en este medio, la socióloga Micaela Cuesta cuestionaba la defensa de los discursos de odio con el argumento de la libertad de expresión. «La libertad de expresión en los sistemas democráticos no es irrestricta», sostenía y explicaba que la legislación «establece límites que implican no habilitar, no permitir o incluso sancionar todos aquellos enunciados que inciten a la violencia, a la discriminación, al odio racial». En el gobierno de Javier Milei esas consideraciones se vuelven cada vez más actuales: dos mujeres lesbianas —Pamela Cobos y Mercedes Roxana Figueroa— murieron y dos continúan hospitalizadas con heridas graves como consecuencia de un crimen de odio cometido por un vecino.[1]

«Cuando la libertad de expresión desborda esos límites choca con el derecho a la libertad de expresión de otro, porque el discurso de odio no sólo provoca silenciamiento y marginalización, sino que además choca con el derecho a la igualdad», reflexionaba entonces la investigadora del Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos de la Universidad de San Martín en el marco del permanente hostigamiento contra Cristina Fernández de Kirchner y la creciente violencia política cuyo punto más álgido fue el atentado contra la vida de la expresidenta.

La historia vuelve a repetirse

Crímenes de odio en la era de Javier Milei

En la madrugada del lunes pasado, Jorge Fernández Barrientos, de 62 años, prendió fuego la habitación de una pensión donde vivían cuatro lesbianas al arrojar una bomba molotov. «Un crimen de lesboodio», sostuvo en un comunicado el Ministerio de la Mujer de la provincia de Buenos Aires. Fueron vecinos y vecinas del lugar quienes confirmaron que el autor del incendio tenía problemas con las mujeres por su orientación sexual. En el comunicado, la cartera que conduce Estela Díaz, advierte que «este crimen no es un hecho aislado y se enmarca en el aumento de los discursos de odio contra lesbianas, mujeres, travestis, trans, no binaries y gays en nuestro país».

El diputado socialista Esteban Paulón, referente de la comunidad gay, escribió en Twitter: “Los discursos de odio agitan la violencia hacia los colectivos que históricamente hemos sido estigmatizados y vulnerados. Hoy se multiplican de manera imparable”.

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Si bien las expresiones violentas que se emiten en el espacio público simbólico no son la causa directa de los ataques «en el mundo real», sí funcionan como habilitación para quienes tienen intenciones de agredir fuera de la virtualidad. Ahí es donde resulta fundamental la discusión sobre la libertad de expresión y sus límites: cuando la separación entre lo virtual y lo real no sólo es borrosa sino que se vuelve inexistente.

El aumento de la violencia contra la comunidad LGBTTIQ+

De acuerdo con el informe anual del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT+, gestionado por la Defensoría LGBT de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y de la Nación junto a la Federación Argentina LGBT, el año pasado en la Argentina se registraron 133 crímenes en los que la orientación sexual, la identidad y/o la expresión de género de todas las víctimas fueron utilizadas como pretexto para los ataques. En 2022 se registraron 129 crímenes de odio y en 2021, 120.

«Las declaraciones que niegan las consecuencias de las agresiones a las personas de la comunidad LGBTIQ+ habilitan y promueven la impunidad que acepta la violencia en todas sus formas, incluyendo aquella que atenta contra la vida», declaró la Fundación Huésped en redes sociales. La referencia es clara: tanto dirigentes del Gobierno nacional como personas cercanas al presidente son especialistas en desinformación y hostilidad contra la diversidad sexual.

«Cuando el Estado promueve, incentiva y financia la homosexualidad —como lo ha hecho hasta la aparición de Javier Milei en escena— está incentivando una conducta autodestructiva», sostuvo el abogado, biógrafo y amigo del presidente Nicolás Márquez durante una entrevista en Radio con Vos con Ernesto Tenembaum para descalificar, con datos falsos, las políticas públicas que favorecían al colectivo LGTTBIQ+.

Para ejemplificar: la gestión Milei desfinanció el Inadi, no respeta el cupo travesti trans en el Estado y una de sus primeras medidas fue prohibir el uso del lenguaje inclusivo y «todo lo relacionado con la perspectiva de género» en la Administración nacional.

El año pasado, en plena campaña electoral, Diana Mondino, hoy canciller, comparó a la homosexualidad con los piojos al ser consultada sobre su opinión sobre el matrimonio igualitario. «Como liberal estoy de acuerdo con el proyecto de vida de cada uno. Es mucho más amplio que el matrimonio igualitario. Dejame exagerar: si vos preferís no bañarte y estar lleno de piojos y es tu elección, listo. Después no te quejes si hay alguien a quien no le gusta que tengas piojos», había expresado la autora de “los chinos son todos iguales.

Este mismo lunes, mientras se producía el incendio en Barracas, Milei participaba en el foro del Instituto Milken en donde reiteraba su defensa de la «superioridad» del capitalismo y culpaba del «fracaso» de la Argentina a «una cultura donde (…) se persigue al privado para que se someta a mandamientos de supuesta moral, en cuestiones como el género, la cuestión racial o la cuestión ambiental, que muchas veces terminan atentando directamente contra la libertad y la capacidad de las empresas para generar riqueza». Y ampliaba: «Se trata de conceptos que llevan al absurdo de castigar el mérito para premiar la diversidad, de regular la libre circulación de ideas para evitar ofender a algunas pocas almas sensibles, de demonizar el optimismo tecnológico por miedo al cambio climático».

El negacionismo de la brecha de género, las agresiones a las feministas y a la diversidad sexual, el desfinanciamiento de todas las políticas públicas que garantizaban derechos para las poblaciones más vulnerables son un combo explosivo, un adjetivo este último que algunas personas, hoy envalentonadas por el discurso oficial, deciden usar como arma.

Este viernes a las 17, organizaciones lésbicas convocan al Congreso para pedir justicia por Pamela y por Mercedes.

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