herramientas para el nuevo presente

milagros lopez

«Parecía más importante hablar con la E que tener servicios básicos»

Manuela Hoya y Ana Laura Nuñez Rueda se conocieron en el Encuentro Plurinacional de Mujeres y disidencias de La Plata en 2019. Para ambas, ese encuentro generó más militancia, ya que no solo las unió para gestionar el primer Encuentro Federal de Mujeres Justicialistas, sino que hoy las une como autoras del texto Feminismo Jumanji. Una apuesta justicialista contra la ira neoliberal conservadora. Su amistad surgió de la lectura de algunos síntomas preocupantes en el movimiento, aún en su pico más alto, dentro ya de un marco institucional y nacional optimista, de que el feminismo, tal como el peronismo, se estaba alejando de poder asegurar justicia social. Un libro que comenzó a gestarse en pleno optimismo ve la luz en un escenario completamente distante al esos años. ¿Cuánto puede pasar en cuatro años? Para los feminismos, una vida. O varias. En el libro, las autoras se preguntan por las herramientas actuales del movimiento y por las que vendrán, por los errores cometidos y por un siguiente plan de lucha para hacerle frente al neoliberalismo actual. Tal como el jumanji, pareciera que este es un juego del que solo se sale jugando. 

El libro llega en un momento donde existe una autocrítica de los espacios entendidos como «progresistas». ¿Cuáles fueron las circunstancias en las que leyeron que ese sistema se resquebrajaba?  

ALNR: Sentíamos que había muchas prácticas dentro de nuestro peronismo que venían de otros repositorios de acción. La lucha dejó de estar anclada en la justicia social. Era más importante o primaba más que un compañero en el barrio hablara con la «E», a que efectivamente ese compañero tenga los servicios básicos y elementales en su vivienda y que nosotras seamos una actriz política que luche para la adquisición de esos derechos. 

El último encuentro al que fuimos fue el de San Luis, de 2022. Ahí vimos que había solamente debates identitarios. Parecía que había que juntarse cada fracción identitaria con cada fracción identitaria a discutir en su submundo identitario cuestiones de su propia identidad. Como que fuimos parte de ese sujeto neoliberal que nosotras debatíamos. 

Justo antes de que dijeras la palabra «neoliberal» les iba a preguntar por eso. Las discusiones del plano de lo identitario viraron hacia un lugar del «yo».

MH: Los progresismos fallaron en lo redistributivo. Pareciera ser que nos dedicamos solamente a ser prácticas de reconocimiento: de reconocer a los distintos, a los que no tienen parte, a los últimos, a los que siempre fueron postergados. La impotencia de resolver el problema económico y material de los pueblos nos condujo a ser una cáscara vacía, que solamente reconoce tu identidad, que te reconoce en tu singularidad, pero que no te resuelve el salario. Eso condimentado con una filtración del neoliberalismo, que es muy eficiente para meterse en nosotras: no hay nada mas grato que ser libre, que merecerlo, que salir adelante, que tener una identidad. Eso hoy choca con otro programa que tenían los feminismos que era buscar lo comunitario. Ese salto de lo individual a lo comunitario quedó trunco. La libertad se ha desanclado de lo colectivo. No es que la libertad es mala, es un problema en tanto y en cuanto no puede ser pensada con los otros. Hoy, el otro se volvió un estorbo para desarrollarse en una circunstancia, para llevar adelante mi voluntad. El otro ya no es alguien con quien complementarme, sino alguien a quien aniquilar. 

¿Cómo ven la posibilidad de construir una comunidad con los nuevos discursos declarados abiertamente antifeministas, sobre todo de varones jóvenes, con alto porcentaje de odio y violencia? 

ALNR: Creo que ese rechazo o esa violencia que nosotras hoy recibimos es un poco la misma violencia o el mismo rechazo que estos varones sintieron en el 2015. Hubo un feminismo punitivista que partía de la base de asumir a todas las mujeres como víctimas de un sistema, y por lo tanto al otro como un enemigo, quien reproduce esa violencia. Eso generó muchas formas y repertorios de acción desde las cancelaciones, los escratches por Facebook, redes sociales, etc. Que son los mecanismos que hoy está utilizando la reacción neoliberal conservadora. Hay puntos en común entre esa cancelación y ese enojo con lo que hoy está sucediendo con estas juventudes que se presentan como antifeministas. Lo que no tiene que suceder es que quien grita más fuerte es el que gana, el otro se repliega, y así sucesivamente. Creo que lo que nosotros tenemos que poder hacer es encontrar herramientas, reconstruir un lenguaje político. El lenguaje político que tenemos está agotado. Hoy ganan con otro lenguaje, y nosotros no estamos dialogando con ese lenguaje, es como si habláramos dos idiomas distintos. No nos hacemos comprender y tampoco escuchamos, estamos más dispuestos a reaccionar o a demostrar que el otro está equivocado que a escuchar lo que el otro tiene para decirnos.

MH: Creo que la violencia nunca es admisible. Cuando hay violencia, no hay lugar a la conversación, y eso creo que lo tenemos que tener claro. Hay que salir a dialogar en tanto que en cuanto haya voluntad del otro de dialogar. En segundo lugar, creo que no es el momento. Creo que todavía estamos en un tiempo que no es el momento para nada más que para esperar que termine de pasar esta ola, que es la ola de ellos. Es el tiempo de ellos y ellas. Creo que no somos audibles. No somos audibles porque hay mucho hartazgo, porque hay mucha impotencia, porque hay mucha idea de que se viene un tiempo nuevo, porque hay mucha esperanza, en un sentido que por ahí para nosotras es disonante. Es tiempo de pensar y acomodar. 

En el libro se detienen bastante en analizar el caso del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, una conquista del movimiento que le costó caro. ¿Cómo podemos repensar ese organismo con los ojos del hoy? 

MH: Fue una gran conquista el Ministerio. A pesar de todas las limitaciones, hay una experiencia súper valiosa de la creación de una estatalidad. Aprendimos del estado, aprendimos a pensar programas a escala nacional, a atravesar las burocracias y los vericuetos, y eso no deja al Estado inmutable. Por supuesto que estamos frente a un proceso de retroceso, pero estamos en un proceso de retroceso con una memoria de haber avanzado. Eso no es lo mismo. No es lo mismo retroceder sin esa memoria que retroceder con el conocimiento de que supimos hacer algo diferente. 

Hay que volver a pensar un proyecto nacional. La única provincia que conservó el ministerio de la mujer es la Provincia de Buenos Aires. Y lo que se ve es que es un ministerio profundamente transversal, que trabaja con los ministerios de salud, de justicia, de educación, de desarrollo agrario, con todos. Tiene una vocación interministerial muy poderosa que es auspicioso no solo para los feminismos, para gobernar. Y eso faltó. 

ALNR: Para que pensemos, en el Encuentro de Mujeres solía haber un taller que era sobre el Estado y el poder. Ese taller no existe más. Es decir, en el momento en que se creó el ministerio, dejamos de tener un ámbito de encuentro de mujeres para discutir sobre los ministerios y el poder en el Estado. Esa debería ser una autocrítica posible.  

MH: El estado es la mejor institución para desarmar las asimetrías, pero sobre todo para hacerle frente al mercado, que se enfrenta con una cosa muy clara: la vida de los demás. La pregunta es qué queremos poner en el centro. Quien puede poner la vida en el centro es el Estado, pensando cómo crear una comunidad, haciéndole frente a las injusticias y a los peligros propios de vivir. Pero vamos a tener que desarrollar una caja de herramientas que nos permita pensar que el Estado de bienestar, si hay que reconstruirlo, va a ser diferente a aquel del siglo XX en donde con un salario comía una familia entera. Ese sueño ya no está.

Pienso que hay una pauperización de la vida cotidiana que quita también las ganas de pensar este tipo de cosas. Al contrario, quiero que el Estado funcione bien para no tener que pensar en este tipo de cosas. Dejar también esto en manos de alguien más. Por ejemplo, la dirigencia política.

MH: Cuando la política no te resuelve ni te ordenan ni lo económico ni lo político, cualquier cosa es posible. Estamos en esa situación en donde lo que está pasando es que el sistema político ni ordena la economía, la materialidad de nuestra vida, ni ordena la política tampoco. El otro día alguien me decía que es el momento de que vuelvan las asambleas populares, pero la mayoría de la gente no tiene esa posibilidad, menos aún las mujeres que están a cargo de las tareas de cuidado. Tenemos que encontrar otro lenguaje político, atento a las inmediateces del presente. Creo que hay que encontrar una forma en donde podamos entender que estamos en un sistema en donde todo el mundo tiene poder para vetar al otro, para obstruir al otro, pero nadie puede ganar solo.

No puedo evitar pensar si no somos nosotras siempre las que damos el brazo a torcer frente a un otro que ejerce una violencia incomparable a la que nosotras pudimos haber ejercido, aún en el pico más alto de hegemonía. ¿Piensan que puede ser un error retroceder o demasiado tolerante la manera de tratar a ese otro?

MH: Creo que es precisamente por eso, porque cualquier cosa que nos encuentren a nosotras va a ser motivo para retroalimentar ese odio, creo que es ahí donde nosotras tenemos que ser estratégicas. Por eso hay que volver a amigarnos con la política y con el poder, que es parte del juego estratégico en donde nosotras tenemos que encontrar aliados circunstanciales, contradicciones principales y secundarias, como enseña el peronismo. Cualquier pelito de más hace que tengas 100 años afuera, 18 años en el exilio, ¿no?

Este artículo fue publicado originalmente el día 23 de diciembre de 2023

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