Conicet a la deriva: Los reclamos de científicos argentinos al Gobierno de Milei

Por milagros lopez Feb23,2024

Apoco más de dos meses de la asunción del nuevo Gobierno nacional, la situación de la ciencia argentina en los institutos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) distribuidos a lo largo y ancho del país comienza a ser preocupante. Algunos directores y directoras de los centros de investigación ya están teniendo problemas para pagar servicios básicos como la luz y gastos de mantenimiento. Los subsidios para poder llevar adelante proyectos de investigación no están siendo ejecutados. Miles de postulantes a becas doctorales esperan los resultados que deberían haberse publicado el 12 de enero para saber si tendrán trabajo en los próximos meses. Muchos, como ha sucedido cada vez que hubo crisis económica y desfinanciamiento del sistema científico argentino, ya piensan en irse del país.

Ante este panorama, la comunidad científica se está organizando de diversas maneras: hay redes nacionales de directores de institutos y de postulantes a becas Conicet), asambleas formadas dentro de los Centros Científicos Tecnológicos /CCT) son nodos provinciales o regionales que nuclean numerosos institutos, gremios, sindicatos y diversos colectivos de científicos y científicas que se habían creado durante el ajuste propiciado por el gobierno de Mauricio Macri y que ahora ven necesario reactivar esos lazos.

El 14 de febrero, referentes de la Red de Autoridades de Institutos de Ciencia y Tecnología (Raicyt) tuvieron una reunión con el presidente del Conicet, Daniel Salamone, para plantearle sus preocupaciones. «En concreto, no tenemos nada», comunicó al salir de la reunión Jorge Geffner, representante de la Red, a quienes se habían movilizado al Polo Científico Tecnológico para apoyar los reclamos. Ese día, las movilizaciones de trabajadores de la ciencia se replicaron en numerosas ciudades del país.

Más tarde, el directorio del CONICET hizo un comunicado donde se compromete a publicar los resultados de las convocatorias antes de la próxima reunión con directores (el 28 de febrero). Sin embargo, de las 1300 becas doctorales que deberían otorgarse, aclaran que solo están garantizadas 600 con fecha de inicio el 1º de agosto (cuando deberían comenzar el 1º de abril) y las trescientas correspondientes a becas de finalización de doctorado. Desde la Raicyt explicaron que «el Estado argentino invierte en su semillero académico tan sólo el 0,008 % del PBI», con lo cual no entienden los argumentos del recorte.

«Esto no lo vivimos nunca en la historia de la democracia. Los dos pilares fundamentales de la ciencia, los recursos humanos y el financiamiento, están siendo destrozados en unos pocos meses. Es una situación de ahogo que no sé cuánto tiempo más podremos tolerar. En la reunión de la Raicyt que hicimos el viernes, varios directores manifestaron que están empezando a tener problemas para pagar gastos básicos como la luz y el mantenimiento de instalaciones. «¡Y estamos en febrero recién!», contó la doctora en Química Valeria Levi, investigadora del Conicet y vicedecana de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Durante la reunión de la Red, las y los científicos de distintas provincias expusieron la situación de sus institutos, presentaron los avances de las distintas comisiones (Difusión, Adhesiones, Trabajo Parlamentario y Asuntos Legales) y definieron las próximas acciones a seguir. Al reclamo por las becas doctorales, se suma que hay una convocatoria abierta de ochocientas becas posdoctorales sin garantía de que se vaya a dar nombramiento efectivo; que no hay novedades en las promociones ni ingresos a la Carrera de Investigador Científico (CIC) ni a la Carrera de Personal de Apoyo (CPA) del Conicet; y tampoco sobre los 49 trabajadores administrativos cesanteados (contratados en 2023) ni sobre los 1200 que tienen contrato solo hasta el 31 de marzo.

«Esta situación con los recursos humanos paraliza los proyectos de investigación porque ya estaba planificado sumar a esa gente. Pero, además, genera una sensación de frustración en quienes se presentaron y una gran incertidumbre sobre su continuidad. Ya antes era difícil conseguir becarios porque las becas no son salarios y los montos son bajos, así que ahora será más difícil aún. A largo plazo, esto puede tener efectos muy negativos sobre dónde van a ir las nuevas generaciones que hagan ciencia», dijo el doctor en Ciencias Biológicas, Ricardo Pautassi, vicedirector del Instituto de Investigación Médica Mercedes y Martín Ferreyra (Inimec–Conicet/UNC/IMMF), de Córdoba.

Entre las próximas acciones, la Raicyt planea convocar a una reunión presencial de autoridades que permita concretar un marco representativo, federal y formal de funcionamiento de la red, crear una página web y poner en marcha distintos cursos de acción con otros sectores del sistema científico, como las universidades nacionales. «La Red está trabajando desde diversas perspectivas. Por un lado, seguir manifestándose públicamente en forma democrática. Por otro lado, estamos estudiando distintas vías de acción, consultando con abogados e iniciando diálogos con diputados y senadores. Esta semana vamos a estar trabajando en eso”, indicó Levi.

La situación de las provincias

Si bien los reclamos del sector científico son similares en todo el país, cada región atraviesa la problemática de diversas maneras. TSS, agencia de noticias tecnológicas y científicas, conversó con científicos y directivos de distintas provincias para conocer cómo les está afectando el recorte de presupuesto y de personal.

«En las provincias la situación es peor por varias razones», afirma la doctora en Bioquímica Virginia Albarracín, directora del Centro Integral de Microscopía Electrónica (CIME–Conicet/UNT), de Tucumán. «En principio, porque en épocas de vacas gordas como los últimos cuatro años, los recursos tienden a quedarse más en los centros de mayor cantidad de investigadores, como Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, y entonces tenemos menos aire para seguir ahora que la cosa está mal. Por otro lado, porque las protestas tienen menos fuerza aquí por ser pocos. En Tucumán, no hay más de mil personas de Conicet y estamos bastante diseminados dentro del área metropolitana», explicó.

Albarracín agregó que en el CIME por ahora pueden seguir trabajando porque tienen algunos ingresos de usuarios del sector privado e instituciones de salud a quienes brindan servicios, pero hay algunos aspectos paralizados, como los dos subsidios obtenidos en el programa Equipar ciencia que continúan esperando. «Los íbamos a usar para renovar los equipos y ponernos a la vanguardia de la microscopía electrónica en el país. Hoy todo eso parece muy lejano. También sigo esperando los resultados de mi promoción a investigadora principal, que ya debería haber salido», señala.

Desde Jujuy, la economista Laura Golovanevsky, directora del Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Tecnologías y Desarrollo Social para el NOA (Ciited–Conicet/UNJU), explicó que en su grupo de investigación están usando fondos remanentes del año pasado, pero que cuando eso se acabe «van a aparecer los problemas». En su caso, al trabajar dentro de la universidad no tienen gastos adicionales de luz y mantenimiento, pero una de las cosas que están empezando a restringirse son las salidas a campo para realizar diversos relevamientos. «La mayor preocupación que tenemos es la incertidumbre por el futuro porque vemos que el rumbo que se está tomando es dejar de lado al Conicet», apunta la investigadora.

En tanto, Adrián Di Giacomo, director del Centro de Ecología Aplicada del Litoral (Cecoal–CONICET/UNNE), cuenta que en Corrientes las y los científicos se están organizando entre las unidades ejecutoras de la región, realizando reuniones, hablando con la prensa local y participando en manifestaciones junto con otros sectores de la sociedad. En su instituto cuentan con varios vehículos para salir a campo a realizar investigaciones, pero debido a que no pueden afrontar gastos de servicio técnico y de reposición de neumáticos, solo una camioneta está en condiciones de ser utilizada. «Hemos restringido los gastos de los institutos a los servicios básicos, sin poder comprar insumos para los laboratorios ni artículos de limpieza, ya que el dinero para el funcionamiento ha sido licuado por la inflación», se lamenta.

Para Pautassi, la situación actual empieza a tener algo de déjà vu. En la época de ajuste que atravesó el instituto cordobés durante el gobierno de Mauricio Macri, habían llegado al punto en el que, por no poder pagar servicios básicos, investigadores y becarios se turnaban para limpiar los laboratorios y sacar la basura. Aunque eso había sido hacia el último año de gobierno, no en los primeros meses. «El primer impacto que hemos tenido es que ya tuvimos que solicitar fondos extraordinarios para el pago de la luz del instituto. De por sí son costos elevados y con el aumento de los últimos meses no estamos pudiendo afrontarlos», cuenta.

En plena Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la situación también se está complicando. «Yo estoy pagando de mi bolsillo rollos de papel que necesitamos en el laboratorio», dijo Levi, que trabaja en el Instituto de Química Biológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (Iquibicen–Conicet/UBA). También están replanteando líneas de investigación y viendo qué insumos podrán adquirir y cuáles no con la reducción del 50 % que implicó la última devaluación en los subsidios obtenidos. De todos modos, remarca que lo que más les preocupa es la situación de los y las estudiantes de doctorado.

Manuel De Paz, investigador del Conocet en el Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural (Iirnad–Conicet/UNRN) que está en Bariloche, y miembro de ATE Conicet, señala que vienen realizando distintas acciones colectivas, como asambleas, radio pública y reuniones para conocer la situación de cada grupo de investigación. «Al instituto nos pega sobre todo en el funcionamiento y en la continuidad de los becarios. Con este panorama, los jóvenes investigadores tenemos poca perspectiva de poder formar grupos de trabajo y financiar nuestros proyectos. Además, se han caído las compras de algunos equipos que ya habíamos solicitado», precisa.

Soledad Leonardi, investigadora del Instituto de Biología de Organismos Marinos (Ibiomar–Conicet- Cenpat), en Puerto Madryn, cuenta que no fue difícil volver a organizarse porque ya se habían conformado redes de trabajadores durante el macrismo. En particular, allí están enfocados en el reclamo por «los compañeros y compañeras que se encuentran más expuestos a las medidas tomadas por el Gobierno de Milei»: el personal administrativo, los postulantes a las becas y los investigadores que debían ingresar a carrera pero aún no fueron efectivizados. «En el Cenpat tenemos fondos para garantizar el funcionamiento durante pocos meses más. Luego no vamos a poder cubrir gastos básicos como luz, gas, internet, seguridad y limpieza. Esto es en mayor o menor medida lo que está sucediendo en todos los institutos del país», sintetiza.

Lo que viene

Desde las distintas regiones del país, las y los científicos consultados coinciden en que el panorama que se avizora para la ciencia argentina en los próximos meses no es nada alentador. «Nuestra creatividad debería estar puesta en desarrollos científicos pero hoy nuestra atención está puesta en sobrevivir. Los becarios ya están pensando en irse al exterior por un tiempo. Y espero que los técnicos no sigan el mismo camino porque formar un profesional para manejar un equipo de alta complejidad lleva décadas», apunta Albarracín.

Por su parte, Golovanevsky realiza un diagnóstico similar y considera que si se produce otra fuga de cerebros (como sucedió en la crisis del 2001) va a ser muy difícil reconstruir el sistema científico. «Esa cadena que empieza con los becarios y sigue con investigadores jóvenes se está cortando porque no hay ninguna claridad de que va a haber becas para quienes se postularon. Aún cuando esto se retome más adelante, será difícil de reponerse del golpe que ya se le asestó al sistema», sostiene.

En cuanto a las diferencias con el ajuste propiciado por el Gobierno de Macri, Leonardi plantea que hay dos cosas que asustan. «Por un lado lo rápido que está sucediendo todo. En unos pocos meses estamos viendo unos niveles de retroceso muy altos en todos los aspectos. Y por otro lado, hay también una diferencia desde lo discursivo. El macrismo se plantó desde un lugar en el que hablaban de la importancia de sostener el sistema científico, aunque en la práctica no sucediera. Pero el gobierno de Milei defenestró al CONICET desde antes de ganar las elecciones y habilitó un discurso violento que lleva a que quienes hacemos ciencia suframos esa violencia. Hay situaciones en las que compañeros y compañeras se han visto involucradas en agravios físicos y eso es algo que no habíamos vivido anteriormente», señaló.

Para Levi, un punto clave puede estar en convencer a los legisladores y tomadores de decisión de que la ciencia es esencial para el desarrollo de cualquier país, sea de la fuerza política que sea. «A nivel mundial, gobiernos de derecha, izquierda, centro, todos han mantenido políticas de ciencia y tecnología porque la consideran motor de desarrollo. Lo que buscamos es conversar con todas las fuerzas para que ese consenso que vemos en otros países sea también un consenso en la Argentina», finalizó.

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